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¿Qué es el mutismo selectivo?

En ocasiones el mutismo selectivo se confunde con dificultades en el lenguaje y en la comunicación. A diferencia de éstos, el mutismo selectivo se define como la dificultad que presentan algunos niños para comunicarse de forma verbal, en entornos y situaciones sociales poco familiares o con personas poco conocidas. 

Prácticamente en todos los casos, los niños que padecen mutismo selectivo, poseen unas competencias lingüísticas y comunicativas adecuadas a su edad, tal y como pueden comprobar los familiares que conviven en su contexto más cercano. El hándicap se encuentra en que dichas competencias, no se ponen de manifiesto en otros ambientes menos próximos para el niño. 

Es frecuente que el primer escenario donde se da este tipo de mutismo, sea la escuela, ya que suele ser el primer entorno distinto al familiar, en el que el niño debe convivir. Por lo tanto una detección precoz en este contexto resulta muy positiva. 

Esta dificultad que poseen algunos niños, conlleva altos niveles de sufrimiento personal e importantes problemas de adaptación al entorno. 

Para algunos autores, el mutismo selectivo representa un problema de comunicación y para otros, la manifestación de un estado de ansiedad. Este escrito se respalda en la segunda opción, ya que hay estudios que destacan que un trastorno de la ansiedad puede tener como síntoma un mutismo selectivo. 

Existen algunos factores que pueden desencadenar, mantener e incluso reforzar el mutismo. Entre ellos encontramos, las características de la personalidad del niño; como la timidez, el retraimiento social, el perfeccionismo, así como algunas dificultades en el habla o en lenguaje. De otro lado, un contexto familiar exigente, sobreprotector o con relaciones sociales inadecuadas o escasas, así como un contexto escolar muy exigente o acomodado a las dificultades del niño, también colaboran en el inicio del trastorno.

Los factores mantenedores pueden resultar aquellos que refuercen la vivencia de disminución de la ansiedad al evitar situaciones del habla, un exceso de atención hacia el niño, unas expectativas y comentarios de aceptación del problema o una acomodación del entorno ante la negativa de hablar. 

El diagnóstico adecuado y precoz, así como la intervención específica, basada en un trabajo con la escuela y la familia apuntan hacia una mejora en la dificultad que tanto interfiere en la vida cotidiana de estos niños y niñas. 

Marta Pérez Ordóñez