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Trastornos del comportamiento en la infancia

Parece ser que todas las evidencias apuntan a que los trastornos o las alteraciones que pueden presentar algunas personas en la edad adulta tienen mucho que ver con etapas anteriores. Por lo tanto, cuando y de qué manera abordemos la problemática que presentan algunos niños supondrá un mejor o peor pronóstico en edades futuras. 

Es el caso de los trastornos del comportamiento, definidos como la presencia y persistencia de conductas que violan las normas sociales y los derechos de las personas. Los síntomas que se encuentran son la agresión directa a personas o animales, destrucción o robo de bienes ajenos y violación grave de las normas familiares y sociales. 

Se podría pensar que un niño en alguna ocasión o incluso en muchas, es capaz de desobedecer, oponerse a las normas y ponerse agresivo ante la negativa a sus deseos. Según la edad en la que se encuentre, podría resultar un hecho evolutivo y normal en su etapa de desarrollo. A los dos o tres años de edad, un niño tiende a no obedecer, enrabiarse y frustrarse ante el no cumplimiento inmediato de aquello que quiere. 

He aquí la importancia del papel de padres y cuidadores principales, que deben ocuparse de regular el comportamiento del niño para que éste aprenda a desenvolverse de forma adecuada y propia para su edad, en el lugar y con las personas que le rodean. El estilo educativo juega un papel fundamental, siendo el democrático y afectuoso el más eficaz. El riesgo de desencadenar un trastorno del comportamiento, llamado también trastorno de conducta, se inicia cuando el niño empieza a no respetar a los demás, desafía las normas que le son impuestas y su relación con los que le rodean se deteriora de manera importante. 

Si los padres son capaces de establecer reglas, normas claras, negociar, y en definitiva regular el comportamiento de los hijos desde edades tempranas, el riesgo de un mal comportamiento persistente en edades posteriores disminuirá de forma altamente significativa. 

Marta Pérez Ordóñez