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Psicoterapia - Desarrollo del Bienestar y  Relaciones Humanas

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El amor en los tiempos de la covid-19

Nunca sabremos la verdad. Ni el porqué, ni el orígen, ni cómo pudo ser que nos ocurriera a todos a la vez y en todas partes. No hay mayor democracia que la establecida por una pandemia como ésta. Ahora lo sabemos. Todos los países, todo el mundo, todas las clases sociales, todas las personas. 

Y puede que sea mejor que no conozcamos el porqué y nos quedemos con el cómo, el cuándo, el dónde y el a quién. Aunque, honestamente, me permito dudarlo.

Algo habrá de positivo entre tanto desconcierto. Algo sacaremos de provecho después de tanto confinamiento, distancia social, medidas de prevención y estados de alarma. No hay certezas, no existen y, sin embargo, sí hay dudas, relevantes o no, trascendentes o concretas.

Dudar siempre ha tenido muy mala prensa. A los catalanoparlantes, de pequeños se nos ejemplifica, a través de cuentos y fábulas, la figura del cagadubtes, alguien para quien la solución a tanto estreñimiento mental a la hora de tomar decisiones es, simple y llanamente, expulsar, por donde te dije, todas las dudas ante las que se enfrenta.

¿Y por qué dudar tiene tan mala prensa?. ¿Quién ha decidido que el ilusorio estado de la certidumbre, de la ausencia de cualquier duda es, en primer lugar, real, y en segundo, nos hará tan desdichados?. ¿A quién debemos el dudoso honor de ser el padre de la idea de que elegir una opción sea el único camino para avanzar?. ¿Y si resulta que queremos tripular nuestra vida haciendo coincidir en ella, simultáneamente, diversas opciones laborales, de convivencia, de relación, sexuales, alimentícias, deportivas, políticas, familiares, en definitiva, vivenciales? ¿Puedo ser vegano lunes, miércoles y viernes y el resto de la semana comer entrecots de ternera, pollo o pavo? ¿Puedo ser heterosexual los meses pares y bisexual, homosexual o pansexual los impares? ¿Puedo ser fumador los días festivos y no fumador los laborables? ¿Puedo organizar mi vida como mejor me apetezca o es estríctamente necesario que, una vez tomada la decisión de ser arquitecto, jamás, esto es, jamás de los jamases me pueda dedicar de lleno, por el tiempo que a mí me apetezca, a la horticultura?

Echarás por la borda muchos años de sacrifício, hijo. Renunciarás a lo que tanto esfuerzo te costó. Es posible. O no.

Los roles cambian. Te adaptas o mueres. El camaleón y el puerco espín sobreviven. La gacela y el avestruz tienen los días contados. 

Aunque quizás nos quede aún una brizna de coherencia, un ápice de esperanza. ¿Economía o vida? ¿Puede haber vida sin economía? Yo afirmo, taxativamente, que sí, al menos sin una economía tal como la entendemos desde hace poco más de dos siglos.

Si Freud nos rompió los esquemas de la relación paterno-filial, los de nuestras pulsiones más profundas y Marx se cargó el sistema de clases y el capitalismo en su manifiesto, ¿poqué no cargarnos cualquier elemento de nuestra vida que nos haga impermeables al amor?. Erich Fromm nos previno: Amar es un arte.

Estos días oigo hablar mucho de crisis de valores. ¿Con qué valores seguiremos educando a las futuras generaciones?. ¿Qué mierda de mundo les vamos a dejar?. ¿Consumismo desaforado, eliminación de la capa de ozono y calentamiento global ?. ¿Deforestación, segregación, eliminación de todo aquel que no puede, no sabe o no quiere?.

¿Pero qué legado estamos dejando a nuestros deudos ?(Nunca mejor dicho lo de deudos, porque lo pagarán). ¿Son necesarios los bancos? ¿España se seguirá aguantando por el tocho, los guiris y, algo menos, por la compra de coches?. Tres meses sin apenas circular, dejando de construir y sin ningún japonés en el Paseo de Gracia ?. ¿Y?. ¿Cerrarán bares ?. ¿Y hoteles?. Pues que se reconviertan en residencias de lujo con ratios de cuidado y acompañamiento multiplicadas por cuatro, y que lo pague el Estado?. ¿Para qué sirve invertir en la compra de un F-18 si mañana, un bicho inapreciable, nos puede liquidar a 40.000, en España, de una tacada?. ¿Porqué rescatamos -todos- a Bankia?.

Seguro que no lo parezco, pero soy optimista. Serán revisados valores y creencias, morirán viejas formas de considerar nuestra existencia , esa bóveda tristemente aguantada por una clave de vuelta que sabremos hacer desaparecer, para dar paso a estallidos de emoción sustentados en abrir la mente, convivir con la incertidumbre y sopesar, sopesar mucho antes de actuar. Tal y como ocurrió al final de la Edad Media, a la que se le doblegaron las rodillas cuando el Renacimiento, con su Leonardos, su Florencia y su Dantes se dedicaron a poner luz donde sólo se recuerdan sombras.

El compromiso con valores como la libertad, la igualdad y la fraternidad volverán a estar presenten en nuestras vidas poco más de dos siglos después del asalto a La Bastilla. Mientras busquemos culpables en lugar de soluciones, encontraremos culpables y no soluciones. Invertir en investigación para solucionar esta pandemia o invertir en educación para mejorar nuestra visión del mundo serán inversiones infinitamente más rentables que la que obligará a los espaldas mojadas a regresar a su miseria porque hay un muro de coste quasi infinito que resigue el río Grande o el río Bravo, según se mire, o unas malditas concertinas para las que sí habrá presupuesto que tratarán de frenar la contaminación de nuestros acomodados mini-mundos occidentales ante el aluvión de norteafricanos que han sido condicionados a través de las antenas parabólicas que les hemos suministrado en la creencia de que en el asfalto occidental está la vida.

Y sí. Haremos grandes negocios mientras privatizamos la sanidad y todo lo que se nos ponga por delante. Hasta que un día nos demos cuenta de que agredir al otro es agredirnos a nosotros mismos, hasta que asumamos que es preferible morir de amor que de vergüenza.


David Alemany Guillamón

david.alemany@equipgoc.com



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