Creemos en las personas y en su capacidad para protagonizar y gestionar sus propios cambios

Psicoterapia - Desarrollo del Bienestar y  Relaciones Humanas

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La incapacidad que capacita (II)

Hoy que tanto se habla de salir del armario, en relación con la necesidad de hacer evidente la condición sexual de cada cual como fórmula para evitar la discriminación, persiste escondida aún más otra condición, la de discapacitad@ , mucho más compleja a la hora de hacerla visible. 

Buena parte de los aproximadamente cuatro millones de discapacitados que hay en España permanecen aún en el anonimato, habida cuenta que su discapacidad, disfunción, anomalía, déficit o minusvalía no es evidente, perceptible o visible para el colectivo de los que denominamoscapacitados

Una válvula en el corazón, unos riñones que requieren diálisis o la amputación de un dedo del pie pueden hacer que nuestra discapacidad pase inadvertida, a no ser que, por interés, decidamos hacerla evidente. Puede que hacerlo nos proporcione algunas ventajas – fiscales, aparcando el coche o al optar a una plaza en una escuela pública para nuestros hijos, no muchas más - y, seguro, un montón de inconvenientes en forma de recelos, miradas, ausencias, silencios,... 

Muchos discapacitados prefieren esconder su condición en su entorno social, laboral e, incluso, familiar por temor a miradas acusatorias, a ser rechazados o, directamente, a represalias. Por eso no se reconocen como tales, conditio sine qua non para ser reconocidos por los demás.

El legado en forma de dolor neuropático crónico que me han dejado un par de ictus no es lo peor y tiene -podéis creerme – pocas ventajas, pero ha supuesto ,para mí, un gran hallazgo. He conseguido desarrollar un olfato especial para detectar a quienes pretenden esconder su discapacidad. “Hay más fuera que dentro”, me decía un buen amigo, discapacitado como yo. Asiento.

En las organizaciones laborales, ya sean empresas de cualquier tipo, organismos públicos o entidades sin ánimo de lucro, opera el pricipio de Peter, según el cual la mayor parte de personas con responsabilidad sobre otros están un nivel por encima de su capacidad competencial o, lo que es lo mismo, un escalafón por encima de lo que sería deseable para todos. Tendemos a promocionar hasta alcanzar nuestro nivel natural de incompetencia.

Esta supuesta capacidad - ¿cómo medirla?, ¿cómo anticiparla?,¿cómo saber que es real antes de poner en riesgo equipos, departamentos o empresas enteras?- puede incapacitar a quien da por hecho que la tiene, sin tenerla. Y, por ende, provocar la desmotivación, disminución del rendimiento,crispación, anulación o inoperancia de las personas que estén a su cargo...

¡Cuánto daño puede hacer a un equipo depender de un líder que no lidera, de un directivo que no dirige o que, simple y llanamente, lo hace mal¡

Formar a directivos no es una tarea simple. La función de directivo tampoco es una función que todos deseen, contra lo que pueda parecer. Salarios, bonos, coche y otras prebendas contra soledad en la toma de decisiones cruciales que afectan a la vida de muchas personas o contra manejo (management) de otros para conseguir lograr objetivos que pueden parecer lejanos o inalcanzables. Ardua labor que conlleva el desprecio de muchos, el alejamiento de la familia, el desconocimiento de la realidad de los hijos, acompañado, eso sí, de un automóvil cada vez más largo que no llevará a su conductor a ninguna parte, de una casa cada vez más grande y más deshabitada y de unas vacaciones cada vez más lejanas en compañía de desconocidos a quienes se soportará sólo por unos días. Bienvenidos al éxito.

David Alemany Guillamón


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